Cómo una comunidad en Puerto Rico transformó una emergencia energética con soberanía del conocimiento
Palavras-chave:
Cambio climático, Planificación, Desplazamiento, Conocimiento comunitario, Transición energéticaResumo
El huracán María impactó el archipiélago de Puerto Rico el 20 de septiembre de 2017. No fue únicamente un evento meteorológico extremo, sino la manifestación más cruda de una crisis estructural prolongada: décadas de colonialismo, endeudamiento extremo, austeridad fiscal impuesta por una Junta de Control nombrada por el presidente de Estados Unidos y abandono sistemático de la infraestructura pública. En un contexto de cambio climático que intensifica la severidad de estos eventos, el huracán María expuso la fragilidad de un sistema eléctrico centralizado, obsoleto, dependiente de combustibles fósiles y profundamente desigual, así como la vulnerabilidad de una población ya afectada por pobreza energética y exclusión política. Las consecuencias del huracán María no se limitaron a la destrucción material ni a la pérdida de vidas. El colapso prolongado de servicios esenciales —electricidad, agua, salud y educación— provocó uno de los mayores desplazamientos poblacionales en la historia reciente de Puerto Rico. En este contexto, se forjó en el cruce entre urgencias reales, memoria organizativa y la convicción profunda de que el conocimiento —cuando nace del territorio— puede ser una herramienta de liberación. En medio de la emergencia climática y del desastre político, la organización comunitaria Casa Pueblo —que opera con energía solar desde 1999— se convirtió en refugio y referente de cambio. Mantuvo la única emisora radial del pueblo al aire, acogió a personas electrodependientes, repartió ayuda y, sobre todo, desencadenó una transformación profunda con la certeza de que el control de la energía podía y debía gestionarse desde la comunidad.
